lunes, 22 de abril de 2013

El cine, la música y el pecado

En 4oB me pidieron iniciara a programar ciclos de cine, creo que con la esperanza vana de ser un buen programador. Reconozco que soy un buen espectador y, hasta cierto punto, un regular hablador de cine. Pero pensar, cranear y, sobre todo, poner en práctica una lista de cosas para ver que puedan atraer a un público, pequeño o grande no importa lo importante es su caracter de público, no sé aún si podré.

Acepté porque, como decía Dostoievsky, "los caballeros siempre juegan a perder", y aunque no soy un caballero sí bebo como ellos. Mi mujer me sugirió que iniciara con música, estaba indeciso pero, como casi siempre ella tiene razón, se la concedí con la diferencia que yo fui quien escogió la programación.

Este ciclo lo denominé "Que viva la música" haciendo referencia al escritor vallecaucano Andrés Caicedo. Joven que pudo ser grande pero decidió irse pronto, no sé para qué. Nunca, y mi edad lo comprueba, he creído que la vida llega hasta los 30, el mismo Jesús vivió más de ahí, igual que Julio César y otros de diferentes defectos y virtudes; a pesar de esta pequeña "disyuntiva cognitiva" entre las ideas de Caicedo y las mías, debo manifestar que el viaje que representa esa hermosa novela que tituló "Que viva la música" es completamente único, la "siempreviva" recorriendo desde los Rollings Stones hasta Richie Ray es inefable y metiendo desde bareta hasta hongos es absurdamente fantástica..
Sin embargo, esto apenas es una excusa, la real verdad es lo que significa la música para el cine y el cine para la música. Por ello renuncié a peliculas que me hubieran garantizado una llegada de público inmediata, tales como "Wayne's World" o "Ray", la primera aunque tiene una excelente banda sonora, no pasa de ser una "mamadera de gallo" muy bien hecha es cierto, pero que no trasciende el alma de nadie. La segunda porque no quería películas sobre la música sino como esta transforma al escucha por lo menos durante los cinco minutos promedio que dura la grabación, y, por tanto, cómo el cine también alcanza a suspender la realidad durante la hora y media que estamos sentados en un butaco.

 
Las primeras dos proyecciones (18 y 25 de abril) se dedican a un documental sobre el Heavy, en el que se atreve el director a mostrar las bambalinas de un género que traspasa todo. Muestra, casi como ningún otro documental el nacimiento y los problemas de este estilo de rock. Qué significa, para qué sirve.

No pude evitar continuar con un falso documental, This Spinal Tap (2 de mayo), Rob Reiner nos brinda de manera caótica  absurda y sincera, el trasegar de una banda de Heavy. Son torpes, sí, pero hacen música, eso los hace especiales, diferentes, en el renacimiento les habrían dicho "divinos", y es esta divinidad la que muchos intentan pero muy, muy, pocos logran.

Por último, Fat Kid Rules The World, (9 de mayo), este filme nos muestra a un adolescente casi que discapacitado por su obesidad, viviendo en una eterna angustia que nace entre la muerte de la madre y la fatal insensibilidad del padre ante sus problemas. Como contra parte está Curtis, amigo a la fuerza que, al inicio lo salva pero que, al final, es salvado no por su amigo sino por la música. Esta situación de descubrimiento de la personalidad es envuelto, enmarcado y entregado por música neo punk, bares de mala muerte y vómito, mucho vómito.

Espero verlos, algún día en todas o en cualquiera de estas, y escuchar al final lo que pasa por sus mentes cuando la realidad deja de estar suspendida y otra vez regresa a nuestros hombros.

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